PRÓXIMO CAMPEONATO RELÁMPAGO ORGANIZA ESCUELA DE CONTROL DE TIRO, MES DE JUNIO (FECHA POR CONFIRMAR)

37º ANIVERSARIO (05-03-16)

"JUNTA DIRECTIVA 79 ALFA - ACTIVIDADES 2016

"EL PERUANO DEL MILENIO"

"EL PERUANO DEL MILENIO"
"SEGUID SU EJEMPLO"

"DIA DEL CALDERISTA 2015"

XXXVI ANIVERSARIO 79 ALFA

79 ALFA INICIARÁ ACTIVIDADES 2015

B.A.P. TACNA

"DÍA DEL CALDERISTA NAVAL"

A 135 AÑOS DEL COMBATE NAVAL DE ANGAMOS

8 de octubre 2014 en el Dueñas

UN SOLO NORTE LA INTEGRACIÓN

UN SOLO NORTE LA INTEGRACIÓN
8 DE OCTUBRE. CONMEMORANDO UN ANIVERSARIO MÁS DEL COMBATE NAVAL DE ANGAMOS

BODAS DE CORAL 79 ALFA, MARZO 15 DEL 2014

"EL MAR DE GRAU"

"EL MAR DE GRAU"

"34º ANIVERSARIO 79 ALFA"

SABADO, 08-09-12, J.D. PLANIFICO AGENDA PERIODO 2012-2014 /// "BODAS DE CORAL" 05-03-2014

CENTENARIOS EN EL ORBE

Lunes, 5 de Marzo de 1979

Lima

"BITACORA DE LA 79 ALFA"

AGENDA CENTENARIO 79 ALFA - / Recuerda: "A la Promoción no le falles //////////////////////////ENLACES DEINTERES’http://webstats.motigo.com/sid=4787426http://www.reporterodelahistoria.com/...http://www.wikio.es/sources/promocioncentenario79alfa.blogspot.comhttp://www.universidadperu.com/SECRETOS DE LOS INCAS http://video.google.com/videoplay?docid=6048520804508116357#PORTADAS DE DIARIOS Y REVISTAS http://www.adonde.com/noticias-peru/diarios-lima.php..PORTAL DE LA MUSICA PERUANA http://eruizf.com/musica/canciones_de_felipe_pinglo.html GUERRA DEL PACIFICOhttp://gdp1879.blogspot.com/ RADIOS ON LINE SUDAMERICA http://www.raddios.com/buscar.php?pageNum_buscar=4&totalRows_buscar=83&pais=peru&orden=rand() II GUERRA MUNDIAL DOSSIER http://www.exordio.com/1939-1945/prologo.html http://mochiladejaime.blogspot.com/ CAMPAÑA DE LA BREÑA http://www.fotolog.com/velasquismo/16397099/ http://www.elsnorkel.com/2013/08/listas-para-el-combate-armas-submarinas.htmlCèsar Abraham Vallejo Mendoza.Santiago de Chuco, Perú, 16 de marzo de 1892 - París, Francia, 15 de abril de 1938. "YA VA A VENIR EL DIA ....... PONTE EL ALMA

lunes, 3 de diciembre de 2012

OBITUARIO

FALLECIO SEÑOR PADRE DE NUESTRO CC. OM1 ART (r) JOSE FLORES NINAHUILCA

Hoy me siento muy triste...pues recibi la penosa noticia que mi padre fallecio este fin de semana en Quillabamba Cusco Peru quiero llorar y no puedo pero tengo un gran nudo en la garganta quiero llegar a casa y abrazar a mls hijos aunque tenia 96 años era un viejo roble oh Dios calma este dolor...
Públicado en el Facebook
LA PROMOCION CENTENARIO 79 ALFA EXPRESA SUS MAS SENTIDAS CONDOLENCIAS A NUESTRO CC. OM1 ART (r) JOSE FLORES NINAHUILCA, POR LA PÉRDIDA DE SU SEÑOR PADRE Y ELEVA SUS ORACIONES AL ALTISIMO PARA QUE ALCANCE CONSUELO EN SUS CORAZONES A SUS FAMILIARES.
 

martes, 27 de noviembre de 2012

“Hallábase el Coronel Suárez bajo un corredor, firmando una papeleta para distribuir unas pocas libras de carne de llama al Batallón Iquique –35 libras por batallón– cuando, apeándose de sus mulas tres arrieros que habían salido en la mañana a sus quehaceres por los cerros del oriente, corrieron a decirle que el enemigo coronaba las alturas por el lado opuesto. Y no habían aquellos acabado de hablar, cuando otro arriero revolvía del camino de Iquique con la misma terrible noticia… Eran las nueve y media de la mañana del 27 de noviembre cuando oyóse en todos los cuarteles y puntos de hospedaje del bajío el bronco sonar de las cajas de guerra que tocaban generala"…........


LA BATALLA DE TARAPACA
27 de Noviembre de 1879
Tomás Caivano
* Mariano Santos Mateos, 
Vencedor de Tarapacá, 
soldado del Batallón 
Guardias de Arequipa, 
que capturó 
el Estandarte 
del 2do. de Línea
Sin embargo, esta victoria, la única que cuente el Perú en todo el curso de la guerra, y tan bien ganada como hemos visto, no pudo en modo alguno mejorar la suerte de la lucha en la cual se hallaba empeñado, atendida la excepcional condición, que el lector conoce, en la cual se encontraba el ejército vencedor, y que la victoria no modificó ni podía modificar. Tenía necesidad de víveres, de pan; y la victoria conseguida sobre el enemigo no podía dárselos, porque no era éste quien lo privaba de tales artículos de primera necesidad, sino el desierto que lo rodeaba por todas partes, y la incapacidad del Presidente de la República y director supremo de la guerra, que indolente y ocioso en Arica, nada había hecho y nada hizo para socorrerlo. Tenía necesidad de municiones de guerra, de cartuchos; y la victoria no hizo más que hacerle consumar los pocos que aún le quedaban. Su situación, después de la victoria, era todavía más desesperada que antes. Aún prescindiendo de la imposibilidad de mantenerse en Tarapacá sin víveres; si el enemigo volvía al ataque, lo que era fuera de duda, teniendo cerca de siete mil hombres todavía en el próximo campo de Dolores, no hubiera podido responder a sus fuegos, ni aun con un solo disparo.

General Belisario Suárez
De consiguiente, el ejército vencedor se vio obligado a continuar sin demora su marcha hacia Arica, ya fijada para aquel mismo día 27. La victoria no había podido influir más que en retardarla de algunas horas; y a la medianoche, entre el 27 y el 28, mientras los deshechos batallones chilenos, temerosos de ser atacados al amanecer se alejaban a toda prisa del último campo de batalla, las victoriosas fuerzas peruanas, después de haber escondido bajo la arena los cañones tomados al enemigo y que por falta de caballos no podían llevarse consigo se ponían lentamente en camino, tristes y hambrientos, en dirección a Arica.

Gracias a esto, el ejército chileno quedó único señor y dueño en el desierto de Tarapacá; y tanto los hombres políticos como los escritores de Chile sacaron argumento de aquí, para negar la derrota sufrida por las armas de su país en la batalla de Tarapacá, la única que se hubiese realmente combatido hasta entonces; pues, como el lector ha visto, no puede darse ese nombre ni al desigual combate de Pisagua, donde 900 bolivianos y peruanos fueron embestidos por diez mil chilenos, ni a la insignificante escaramuza de San Francisco, que se redujo únicamente al intempestivo y aislado ataque de una sola división peruana contra las formidables posiciones chilenas; ataque que el mismo ejército chileno consideró como un simple reconocimiento preliminar hecho por el enemigo; de tal manera que se preparó para la verdadera batalla que creía aplazada para el día siguiente, y que la deserción de las divisiones bolivianas y la felonía de algunos jefes y oficiales peruanos hizo imposible.

General Juan Buendía
Dice Vicuña Mackenna: “Los dos ejércitos alejábanse del sitio por opuestos rumbos (varias horas después del combate) silenciosos y sombríos… El enemigo que se creía transitoriamente vencedor por las ventajas momentáneas del asalto, comenzaba la fuga hacia Arica, abandonando en el campo de batalla sus heridos (7), los cañones que nos habían arrebatado por acaso, y el país que nosotros habíamos venido a quitarles por la razón o por la fuerza.

¿Cuyo era entonces y en definitiva el vencimiento militar? A la verdad, sí en la quebrada de Tarapacá hubiera habido victoria para los enemigos y provocadores injustos de Chile (siempre la misma fábula del lobo y el cordero), habría sido ella interina, si tal pudiera llamarse, al paso que el éxito de las operaciones que allí terminaron fue para las armas de Chile un éxito asombroso y completo (8).”
El éxito de las operaciones a que se refiere el historiador chileno fue la posesión del desierto de Tarapacá. Pero, como hemos visto ya, esta posesión no fue en manera alguna conquistada por el ejército chileno con la fuerza de las armas; habiendo salido por el contrario, gravemente batido y diezmado, en la única batalla que hubo a sostener con el enemigo en dicho desierto. Esta posesión la obtuvo como simple consecuencia del abandono que hizo de ella el enemigo: abandono que a su vez fue efecto de varias causas, todas independientes de la acción de las armas de Chile; a saber: de la deslealtad o retirada como quiera llamarse, del boliviano Daza; de los malos hábitos revolucionarios de la mayor parte de los jefes y oficiales del ejército aliado peruano-boliviano, y más que todo, de la incapacidad del Gobierno peruano, que dejó su ejército abandonado a sí mismo en medio al vasto desierto, sin víveres y municiones de guerra; de modo que éste debió huir, no del enemigo, sino del territorio mismo que debía defender, y que lo mataba de inanición. Si el general Prado, que permanecía inútilmente en Arica con cerca de 5,000 hombres de los mas escogidos y disciplinados, se hubiese adelantado con una buena provisión de víveres y municiones hacia Tarapacá, como era su deber, inmediatamente que tuvo conocimiento de la vuelta de Daza, los sucesos hubieran ciertamente cambiado de aspecto de una manera muy notable.
La posesión del desierto de Tarapacá no fue de consiguiente, como pretende el historiador chileno, el éxito de las operaciones del ejército de Chile, las cuales no pudieron ser más mezquinas e infelices, a pesar de cuanto lo favoreciera la fortuna, y de los grandes medios de que disponía. Fue por el contrario efecto del inmenso malestar interior que roía por tantos conceptos a las dos repúblicas aliadas Perú y Bolivia; las cuales, así por mar como por tierra, en la batalla de Tarapacá como en las posteriores de Tacna y de Lima, no fueron de ninguna manera vencidas por el enemigo, sino que se echaron a sus pies ellas mismas, deshechas y aniquiladas por sus facciones políticas internas, y por todos aquellos vicios que eran una consecuencia natural de sus muchos años de revolución y desgobierno.
Quedando dueño del desierto de Tarapacá, la posesión de cuyas fabulosas riquezas era desde tanto tiempo su sueño dorado, Chile se lanzó sobre ellas con toda el ansia de una inveterada codicia prodigiosamente crecida con el trascurso del tiempo, de día en día, por el largo esperar y por la necesidad que poco a poco se hacía sentir cada vez mas imperiosa, de aliviar con su producto las exhaustas arcas del Tesoro. Se instaló en aquel territorio como en su casa; y a la par que los productos aduaneros, hizo suyos también todos los del salitre y del guano.

sábado, 24 de noviembre de 2012

PISAGUA, 2 DE NOVIEMBRE DE 1879///////Los batallones bolivianos Victoria e Independencia se dirigieron a su país. El incendio de más de cuarenta mil quintales de salitre consumó la derrota.


La defensa de Pisagua
Escribe: Jorge Basadre
(Basadre 1968-70, VIII: 118-120)

    Como el ejército aliado de Tarapacá se concentró en Iquique y sus inmediaciones, el ministro de Guerra chileno Rafael Sotomayor que dirigía el ejército, decidió combatirlo desembarcando al norte de Iquique. Con ello se interponían los invasores entre Tacna y Tarapacá; impedían la unión de las fuerzas acantonadas separadamente en las dos zonas; cortaban, asimismo, la retirada de los aliados desde Tarapacá; y se ponían en aptitud de batir por separado a los refuerzos que podían enviarse desde Tacna.
Coronel Isaac Recavarren, Héroe de Pisagua
    No se decidió Sotomayor por un desembarco en Iquique donde tenía que combatir frontalmente con el grueso del ejército enemigo antes de situar en tierra la artillería, los caballos y los bagajes. El puerto de Pisagua, ubicado a 85 kilómetros al norte de Iquique, situado, por lo tanto en la posición estratégica buscada, tenía la ventaja de contar con el ferrocarril de 73 kilómetros que lo ponía en comunicación con Dolores, uno de los tres pozos de agua potable en la árida región salitrera. Los otros dos pozos eran Pozo Almonte conectado por vía férrea con Iquique; y San Lorenzo, cuya comunicación ferroviaria era con Patillos, punto situado al sur de Iquique y, por lo tanto inservible para los objetivos de la invasión. Otro lugar posible de desembarco era Caleta Buena; pero estaba demasiado cerca del ejército aliado que podía movilizarse sobre la fuerzas invasoras antes de que concluyeran las operaciones de desembarco y afianzamiento sobre el terreno conquistado; con el agravante de que la marcha sobre Iquique desde ahí no podía ser por ferrocarril y no hubiera contado con servicios de agua potable.
Pisagua
     El plan de Sotomayor fue tomar Pisagua con una fuerza aplastante, hacer avanzar al ejército al interior con rapidez utilizando el ferrocarril de Agua Santa y establecerlo en una oficina donde abundara el agua, con lo cual quedaba afianzada y organizada una base de operaciones en aquel puerto.
     Poco después de la captura del Huáscar empezó el movimiento de avance de los chilenos acampados en. Antofagasta, cuyos efectivos habían sido reforzados con contingentes del Sur y con los obreros de las salitreras que les sirvieron de inmejorables guías. Más o menos diez mil hombres, con ochocientos de caballería y treinta cañones de campaña, se dirigieron a Pisagua el 28 de octubre en quince transportes convoyados por cuatro buques de guerra. Los mandaba el general Erasmo Escala, con el ministro de guerra Rafael Sotomayor.
Pisagua puerto
     Al arribar los chilenos a Pisagua el 2 de noviembre, encontraron una heroica resistencia en la débil guarnición compuesta por unos ochocientos bolivianos de la división mandada por el general Pedro Villamil y unos quinientos guardias nacionales y otros habitantes de la localidad, al mando del coronel Isaac Recavarren (2 de noviembre). La dirección general de la defensa estuvo a cargo del general Juan Buendía que, sin saber lo que iba a ocurrir, hallábase de visita en Pisagua para asistir al bautizo de las baterías o con motivo de la noticia de que los bolivianos pretendían retirarse; según una versión que Buendía no confirma en su memoria recientemente publicada. El combate se inició al bombardear la ciudad los buques .de guerra, cuyos cañones cubrieron el desembarco de los soldados, después de haber logrado el silencio de los improvisados fuertes. Los rifles no podían combatir con los cañones. La superioridad numérica de los atacantes era abrumadora. Un precipicio escarpado y arenoso corona la pequeña ciudad de Pisagua, edificada al borde de la playa y de donde sube en zigzag el ferrocarril. El asalto de los chilenos acabó por dominar a la pequeña fuerza defensora, parapetada tras de las rocas, los sacos de carbón y la vía férrea. El incendio de más de cuarenta mil quintales de salitre consumó la derrota. Se retiraron los peruanos hacia Agua Santa, al final de aquella línea la lucha había durado siete horas. Los batallones bolivianos Victoria e Independencia se dirigieron a su país.
      Entre quienes se distinguieron en el combate de Pisagua estuvo Hortensia Ceballos de Ruíz. Su esposo, su padre y sus dos hijos pelearon en esta jornada. La familia Ruíz era una de las más acaudaladas del puerto y acaso por ello su casa fue asaltada con especial afán por los invasores con el fin de saquearla. Allí estaba Hortensia y para no caer viva en poder de ellos se suicidó con una bayoneta que le alcanzó a su esposo Alejandro Ruiz. Este murió entonces con toda la familia.
      Los defensores de Pisagua marcharon al sur a pie para reunirse con el resto del ejército aliado; pero cometieron el error de no inutilizar las tres locomotoras y muchos carros del ferrocarril allí existentes, ni a los víveres y forrajes, los postes del telégrafo y los estanques, todo lo cual fue luego aprovechado por el enemigo. Así recibió éste el obsequio de los mejores elementos en el desierto: la movilidad y el agua.
      La ciudad de Pisagua conoció los horrores del saqueo. Se ha dicho que al ser ella capturada, “la puerta del Perú fue sacudida de sus goznes”. Estratégicamente este acontecimiento vino a ser muy importante, pues, con la captura de dicho material, los chilenos estuvieron en condiciones de penetrar en el interior, pudiendo, al mismo tiempo, surtirse del recurso para combatir la sed. Además el ejército aliado que estaba en Tacna quedó cortado del de Tarapacá.

Fuente:
Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. 6ta. ed. Lima: Editorial Universitaria, vol. VIII.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Pronto el desafío de poseer Tarapacá pasaría, de lo militar a lo financiero


Iquique, 23 de noviembre de 1879
Aún cuando no se habían hecho esfuerzos efectivos para perseguir al ejército aliado que encabezaba el general peruano Juan Buendía después de los combates librados en Dolores, limitándose el mando chileno encabezado por el general Erasmo Escala a realizar algunas incursiones en los alrededores de Porvenir, al menos una de las medidas tomadas fue apoderarse del abandonado e indefenso puerto de Iquique.
Iquique 1879
Puerto de Iquique 1879
Así, cuando el General en Jefe Escala ya había renunciado a perseguir a las tropas aliadas, como consta en los testimonios del Manuel Baquedano y Rafael Sotomayor, el 20 de noviembre envía una nota al Ministro de la Guerra para indicarle que pensaba enviar una fuerza de 3.000 hombres en dirección a Iquique, "y una vez que conozca bien -agrega- lo que haya de positivo sobre el ejército de Daza que pudiera venir a presentarnos combate, o a reunirse con los dispersos de ayer enviaré más fuerzas hacia adelante". Como sabemos, el ejército del dictador boliviano ya entraba en Arica y él iba de vuelta a Tacna, adonde ingresaría el 23.
A esta nota de Escala, el Ministro Sotomayor respondió que sería imprudente enviar una división por tierra sin resolver antes los problemas de avituallamiento imprescindibles para semejante caminata por el desierto, y remataba indicando al general que iría hasta Dolores para conferenciar con él. Aceptadas las sugerencias del Ministro, Escala lo esperó, y en la reunión sostenida se llegó a la conclusión que, una vez subsanadas las necesidades de la división requerida, saldría una columna de 2.000 hombres por tierra, en tanto el propio Ministro encabezaría una expedición por mar con otros 1.000 correspondientes a un batallón del Regimiento Esmeralda acampando en Hospicio, y otro del Lautaro que estaba próximo a arribar a Pisagua, esperando a las fuerzas terrestres de Escala en la bahía de Iquique, de manera que se procedería a exigir la rendición de la plaza cuando el conjunto estuviera listo.
En el regreso a Pisagua del Ministro Sotomayor y entrando en este puerto en la mañana del 23, se encontró con la Covadonga que, enviada por el comandante Juan José Latorre sito en Iquique, le informaba de la rendición del puerto iquiqueño.
Lo sucedido era que el coronel peruano José Miguel Ríos, jefe de la plaza, al recibir el correo enviado por el general Buendía el 22 de noviembre en que le informaba la situación y le ordenaba replegarse a la quebrada de Tarapacá con sus fuerzas, procedía rápidamente a destruir documentos, arrojar al mar todo el parque del ejército que no podía cargarse en la marcha y "clavar", inutilizando, los cuatro cañones de los fuertes del Morro y del Colorado.
Ante las noticias del abandono, que corrieron como reguero en el pueblo, muchos optaron por seguir a las tropas hacia el interior, huir en los vapores que hacían el tránsito por Iquique y otros asilarse de inmediato en los buques neutrales anclados en la rada del puerto. Entre estos últimos, el propio Prefecto de Iquique, el general peruano Ramón López Lavalle que a toda prisa embarcó en el navío inglés HMS Turquoise. El coronel Ríos comunica al Cuerpo de Cónsules de la ciudad que ésta queda bajo su custodia, incluyendo los marinos de la Esmeralda que permanecían cautivos allí (los oficiales habían sido trasladados a Tarma) y el hospital con sus heridos y enfermos. El mismo 22 se retira, dejando librada a su suerte a la población de Iquique.
Rápidamente los cónsules toman decisiones en una reunión a la que no asisten autoridades peruanas, excepto el capitán de puerto Antonio C. de la Guerra, y resuelven dotar a los bomberos de compañías extranjeras con los medios armados para imponer orden, y a su vez comunicarse con el comandante Latorre, jefe del bloqueo a bordo del blindado Cochrane, para informarle de la situación y entregarle la ciudad. El bote que lleva a los diplomáticos al Cochrane regresa en la certidumbre de los cónsules, que el puerto será ocupado pacíficamente por las fuerzas chilenas.
El 23 de noviembre entran a Iquique los 125 marineros de la dotación del Cochrane, de la Covadonga y algunos de Artillería de Marina que pertenecían a la guarnición del blindado, al mando del segundo comandante del Cochrane, capitán de corbeta Miguel Gaona Yáñez, quien asume, además, como Jefe de la plaza. El teniente del Cochrane, Juan M. Simpson se hace cargo de la seguridad pública. El principal puerto de Tarapacá y puerta principal de embarque de salitre del Perú pasaba a manos chilenas sin dispararse un tiro. Ahora, la bandera de Chile flameaba definitivamente en esa ciudad.
El comandante Latorre envía a la Covadonga que, como hemos indicado, ingresa a Pisagua en la madrugada del 23, informando al Ministro de la Guerra del desenlace tranquilo de la toma, por lo cual el Ministro procede ese mismo día en la tarde a embarcar al batallón del Esmeralda, y junto al general Escala se trasladan a Iquique. En la misma tarde, se hace el acto de entrega formal de la plaza, estableciéndose al capitán de navío Patricio Lynch como Comandante de Armas de Iquique (hasta ahí era el comandante encargado del transporte, siendo reemplazado por el capitán Baltasar Campillo).
Pronto el desafío de poseer Tarapacá pasaría, de lo militar a lo financiero. Administrar los negocios del salitre y el guano absorberían al Gobierno de Aníbal Pinto que debía equilibrar los intereses nacionales con los privados, donde estaban involucrados grandes empresarios británicos y franceses. Para resolver estas delicadas cuestiones fue nombrado Delegado Fiscal de Tarapacá el señor Baltasar Sánchez Fontecilla. Otra serie de funcionarios fueron en su auxilio, y aún cuando no fue fácil volver a mover a la industria salitrera, el 5 de enero de 1880 el jefe de hacienda del territorio ocupado, Miguel Carreño, envió el telegrama anunciando el embarque de los primeros 1.164 quintales por ese puerto. Chile comenzaba así a recibir los ingresos que, arrebatados a las arcas peruanas, ahora irían a insuflar aire a las ahogadas finanzas del país. Al menos los medios económicos para arremeter grandes jornadas de la guerra comenzaban a entrar lentamente al fisco.

domingo, 18 de noviembre de 2012

La declaración de Santiago de 1952 no fija límites


Desde el terreno del adversario
Domingo, 18 de noviembre de 2012 | 5:00 am
“El Perú no puede desconocer los tratados que ha firmado” se repite aquí, en Santiago de Chile, al unísono. En los últimos tres días he tenido la oportunidad de conversar con mucha gente sobre el litigio que Perú y Chile ventilan en la Corte de La Haya sobre límites marítimos, y el mensaje oficial parece haber calado hondo. El pueblo chileno está absolutamente convencido de que existen tratados entre Chile y Perú que fijan los límites, desde la década del cincuenta, en el paralelo marítimo que nace en la frontera terrestre.
Sin embargo, al igual que en nuestro país, existen distintos niveles de la compresión del problema. Conversé durante una hora con transeúntes de una céntrica calle de Santiago. Muchos no tenían un conocimiento mayor del tema, pero todos manifestaron una desconfianza enorme hacia el Perú. Somos vistos como un país informal, que no cumple su palabra y que los ha “invadido” de peruanos que les quitan trabajo. Un par de personas me pidieron explícitamente que todos los peruanos se vayan de Chile. Me sorprendió que exista un sentimiento antiperuano tan extendido como nuestro antichilenismo histórico. Como dirían algunos, ¿el sentimiento es mutuo?
Los que conocían un poco más del tema repitieron una y otra vez la historia de los tratados de límites que el Perú no quiere reconocer, pero no podían señalar ni años ni contenido de estos. La versión oficial, desde que se inició el litigio, les ha dado garantías sólidas una y otra vez a los chilenos diciendo que no hay nada de qué preocuparse porque tales tratados existen. Es más, algunos políticos locales están seguros de que la Corte se declarará incompetente porque ya existen tratados y que la línea del paralelo se mantendrá. Hay muy poca discusión de este tema en medios y casi ninguna explicación de cuáles son los argumentos peruanos.
El problema para Chile es que la posición peruana señala que no existe un tratado de límites entre los dos países. La declaración de Santiago de 1952 reivindica las 200 millas de mar para Chile, Perú y Ecuador pero no fija límites. Y la declaración de Zona Marítima Fronteriza Especial de 1954, que sí señala al paralelo como límite, se negoció para aplicarse únicamente a naves artesanales, de poco porte y que carecieran de instrumentos de navegación. Eso no constituye un tratado de límites para el Perú que, amparándose en jurisprudencia de la Corte, sostiene que los tratados no se infieren, se deducen o se presuponen. Para el Perú, estos instrumentos son acuerdos prácticos preliminares a un tratado de límites, tal como lo reconoce la Convención del Mar. Este es el punto central. Si no hay tratado, la Corte debe fijar el límite de acuerdo con las normas del derecho del mar, las que disponen que, en caso de superposición de áreas, estas se dividen en partes iguales.
La versión oficial chilena alega que la costumbre es fuente de derecho y que el Perú nunca se quejó sino hasta el 2004. Hasta los políticos más informados desconocen el reclamo peruano de 1986 ante Chile en el ya famoso Memorándum Bákula que mereció respuesta oficial de la Cancillería chilena señalando que se estudiaría el problema. El litigio se inició luego de más de 20 años de espera. Y la opinión pública chilena no lo sabe. Si Chile pierde, la sorpresa será mayúscula en estas tierras.

Rosa María Palacios

miércoles, 14 de noviembre de 2012

13 DE NOVIEMBRE


OPINION: Jaime Salinas y el derecho a la insurgencia
Martes, 13 de noviembre del 2013 /// 18:21
FRANCISCO MIRÓ QUESADA RADA
Director de El Comercio
Un día como hoy, hace veinte años, el general Jaime Salinas Sedó, ya en retiro, y 25 oficiales de las Fuerzas Armadas, entre los que se encontraba el vicealmirante Augusto Vargas Prada, insurgieron contra la dictadura de Alberto Fujimori. Actuaron en su ley, porque creyeron y creen en la democracia, pero actuaron de acuerdo con ley, porque la Constitución que regía en aquella época, como la vigente, establecía el derecho que tiene el pueblo de insurgir contra cualquier gobierno usurpador, no importa cuál sea su naturaleza: civil, militar o cívico-militar, como precisamente fue el gobierno de Alberto Fujimori, una dictadura cívico-militar, en la cual las Fuerzas Armadas en ese entonces se plegaron para “disolver” el Congrego y controlar los otros poderes del Estado.
A dos décadas de la sublevación del general EP y 25 oficiales
 de las FF.AA. contra el régimen de Alberto Fujimori
Este intento abortó por la acción del traidor Elías Moyano, de esos traidores que desgraciadamente han existido a lo largo de la historia de la humanidad, empezando por Judas, aunque recordemos que el valeroso Leónidas en las Termópilas fue finalmente derrotado por Jerjes debido a una traición, acto despreciable basado en la maldad, el engaño, la absoluta mentira y la hipocresía.
Recordemos este hecho como el primero en el que se insurge para que se cumpla la ley, retornar al estado anterior, y que el pueblo elija a sus autoridades. Solo unos pocos lo ayudaron, solo unos pocos se plegaron a la acción, pero eso no importó, porque Jaime Salinas y los demás oficiales fueron un ejemplo de coraje ante el poder del dictador. No solo tuvieron valor moral para decirle no al poderoso, sino valor físico. Estaban dispuestos a dar su vida para derrocar al tirano, que, al contrario de estos valerosos, huyó cobardemente a esconderse a la Embajada de Japón, bajo el argumento de que lo querían matar. Realmente asombroso: no enfrentó a un puñado de bravos teniendo un ejército a su disposición y fue precisamente todo lo contrario, porque el traidor y los esbirros al servicio de la dictadura intentaron asesinar a Salinas persiguiéndolo por media Lima.
Por eso, Jaime Salinas Sedó, como bien dijo nuestro recordado Francisco (Paco) Igartua, es “de esos hombres escogidos, que prefieren seguir el mandato del deber antes que plegarse al éxito y al tumulto”.
Dio un gran paso histórico, marcó la ruta para que años después otros peruanos insurgiéramos a través de los Cuatro Suyos, movimiento encabezado por otro defensor de la democracia y luego presidente, Alejandro Toledo también insurgió en las postrimerías y en plena agonía del fujimorismo el actual presidente, durante el llamado levantamiento de Locumba en Moquegua.
General EP (r) Jaime Salinas Sedó
Pero, como sucede en la historia, todavía el Estado no ha hecho justicia con los demócratas insurgentes; quedan pendientes algunas cosas como la ejecución del pago de la reparación económica, por daño moral, lucro cesante y daño emergente ocasionado por la injusta carcelería que sufrieron, y ascender al grado inmediato superior a todos los oficiales que participaron en los sucesos del 13 de noviembre de 1992.
Señor presidente, es un deber moral condecorar con la Orden del Sol en el grado más alto al general Jaime Salinas y a los demás oficiales, porque gracias a ellos los peruanos disfrutamos de esta democracia, que, aunque feble, es mejor que la mejor de las dictaduras.
Jaime Salinas Sedó es la expresión de lo que dijo en alguna oportunidad José Ingenieros, cita que asume el mismo general Salinas en su artículo “En honor a la verdad”: “Cuando la conciencia moral considera que la autoridad es ilegítima, obedecer es una cobardía y el que obedece traiciona a su sentimiento del deber”.