lunes, 3 de diciembre de 2012
martes, 27 de noviembre de 2012
“Hallábase el Coronel Suárez bajo un corredor, firmando una papeleta para distribuir unas pocas libras de carne de llama al Batallón Iquique –35 libras por batallón– cuando, apeándose de sus mulas tres arrieros que habían salido en la mañana a sus quehaceres por los cerros del oriente, corrieron a decirle que el enemigo coronaba las alturas por el lado opuesto. Y no habían aquellos acabado de hablar, cuando otro arriero revolvía del camino de Iquique con la misma terrible noticia… Eran las nueve y media de la mañana del 27 de noviembre cuando oyóse en todos los cuarteles y puntos de hospedaje del bajío el bronco sonar de las cajas de guerra que tocaban generala"…........
LA BATALLA DE TARAPACA
27 de Noviembre de 1879
27 de Noviembre de 1879
Tomás Caivano
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| * Mariano Santos Mateos, Vencedor de Tarapacá, soldado del Batallón Guardias de Arequipa, que capturó el Estandarte del 2do. de Línea |
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| General Belisario Suárez |
Gracias
a esto, el ejército chileno quedó único señor y dueño en el desierto de
Tarapacá; y tanto los hombres políticos como los escritores de Chile sacaron
argumento de aquí, para negar la derrota sufrida por las armas de su país en la
batalla de Tarapacá, la única que se hubiese realmente combatido hasta
entonces; pues, como el lector ha visto, no puede darse ese nombre ni al
desigual combate de Pisagua, donde 900 bolivianos y peruanos fueron embestidos
por diez mil chilenos, ni a la insignificante escaramuza de San Francisco, que
se redujo únicamente al intempestivo y aislado ataque de una sola división
peruana contra las formidables posiciones chilenas; ataque que el mismo
ejército chileno consideró como un simple reconocimiento preliminar hecho por
el enemigo; de tal manera que se preparó para la verdadera batalla que creía
aplazada para el día siguiente, y que la deserción de las divisiones bolivianas
y la felonía de algunos jefes y oficiales peruanos hizo imposible.
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| General Juan Buendía |
¿Cuyo
era entonces y en definitiva el vencimiento militar? A la verdad, sí en la
quebrada de Tarapacá hubiera habido victoria para los enemigos y provocadores
injustos de Chile (siempre la misma fábula del lobo y el cordero), habría sido
ella interina, si tal pudiera llamarse, al paso que el éxito de las operaciones
que allí terminaron fue para las armas de Chile un éxito asombroso y completo
(8).”
El
éxito de las operaciones a que se refiere el historiador chileno fue la
posesión del desierto de Tarapacá. Pero, como hemos visto ya, esta posesión no
fue en manera alguna conquistada por el ejército chileno con la fuerza de las
armas; habiendo salido por el contrario, gravemente batido y diezmado, en la
única batalla que hubo a sostener con el enemigo en dicho desierto. Esta
posesión la obtuvo como simple consecuencia del abandono que hizo de ella el
enemigo: abandono que a su vez fue efecto de varias causas, todas
independientes de la acción de las armas de Chile; a saber: de la deslealtad o
retirada como quiera llamarse, del boliviano Daza; de los malos hábitos
revolucionarios de la mayor parte de los jefes y oficiales del ejército aliado
peruano-boliviano, y más que todo, de la incapacidad del Gobierno peruano, que
dejó su ejército abandonado a sí mismo en medio al vasto desierto, sin víveres
y municiones de guerra; de modo que éste debió huir, no del enemigo, sino del
territorio mismo que debía defender, y que lo mataba de inanición. Si el
general Prado, que permanecía inútilmente en Arica con cerca de 5,000 hombres
de los mas escogidos y disciplinados, se hubiese adelantado con una buena
provisión de víveres y municiones hacia Tarapacá, como era su deber,
inmediatamente que tuvo conocimiento de la vuelta de Daza, los sucesos hubieran
ciertamente cambiado de aspecto de una manera muy notable.
La
posesión del desierto de Tarapacá no fue de consiguiente, como pretende el
historiador chileno, el éxito de las operaciones del ejército de Chile, las
cuales no pudieron ser más mezquinas e infelices, a pesar de cuanto lo
favoreciera la fortuna, y de los grandes medios de que disponía. Fue por el
contrario efecto del inmenso malestar interior que roía por tantos conceptos a
las dos repúblicas aliadas Perú y Bolivia; las cuales, así por mar como por
tierra, en la batalla de Tarapacá como en las posteriores de Tacna y de Lima,
no fueron de ninguna manera vencidas por el enemigo, sino que se echaron a sus
pies ellas mismas, deshechas y aniquiladas por sus facciones políticas
internas, y por todos aquellos vicios que eran una consecuencia natural de sus
muchos años de revolución y desgobierno.
Quedando
dueño del desierto de Tarapacá, la posesión de cuyas fabulosas riquezas era
desde tanto tiempo su sueño dorado, Chile se lanzó sobre ellas con toda el
ansia de una inveterada codicia prodigiosamente crecida con el trascurso del
tiempo, de día en día, por el largo esperar y por la necesidad que poco a poco
se hacía sentir cada vez mas imperiosa, de aliviar con su producto las
exhaustas arcas del Tesoro. Se instaló en aquel territorio como en su casa; y a
la par que los productos aduaneros, hizo suyos también todos los del salitre y
del guano.
sábado, 24 de noviembre de 2012
PISAGUA, 2 DE NOVIEMBRE DE 1879///////Los batallones bolivianos Victoria e Independencia se dirigieron a su país. El incendio de más de cuarenta mil quintales de salitre consumó la derrota.
La defensa de Pisagua
Escribe: Jorge Basadre
(Basadre 1968-70, VIII: 118-120)
(Basadre 1968-70, VIII: 118-120)
Como el ejército aliado de Tarapacá se
concentró en Iquique y sus inmediaciones, el ministro de Guerra chileno Rafael
Sotomayor que dirigía el ejército, decidió combatirlo desembarcando al norte de
Iquique. Con ello se interponían los invasores entre Tacna y Tarapacá; impedían
la unión de las fuerzas acantonadas separadamente en las dos zonas; cortaban,
asimismo, la retirada de los aliados desde Tarapacá; y se ponían en aptitud de
batir por separado a los refuerzos que podían enviarse desde Tacna.
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| Coronel Isaac Recavarren, Héroe de Pisagua |
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| Pisagua |
Poco después de la captura del Huáscar
empezó el movimiento de avance de los chilenos acampados en. Antofagasta, cuyos
efectivos habían sido reforzados con contingentes del Sur y con los obreros de
las salitreras que les sirvieron de inmejorables guías. Más o menos diez mil
hombres, con ochocientos de caballería y treinta cañones de campaña, se
dirigieron a Pisagua el 28 de octubre en quince transportes convoyados por
cuatro buques de guerra. Los mandaba el general Erasmo Escala, con el ministro
de guerra Rafael Sotomayor.
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| Pisagua puerto |
Entre quienes se distinguieron en el
combate de Pisagua estuvo Hortensia Ceballos de Ruíz. Su esposo, su padre y sus
dos hijos pelearon en esta jornada. La familia Ruíz era una de las más
acaudaladas del puerto y acaso por ello su casa fue asaltada con especial afán
por los invasores con el fin de saquearla. Allí estaba Hortensia y para no caer
viva en poder de ellos se suicidó con una bayoneta que le alcanzó a su esposo
Alejandro Ruiz. Este murió entonces con toda la familia.
Los defensores de Pisagua marcharon al
sur a pie para reunirse con el resto del ejército aliado; pero cometieron el
error de no inutilizar las tres locomotoras y muchos carros del ferrocarril
allí existentes, ni a los víveres y forrajes, los postes del telégrafo y los
estanques, todo lo cual fue luego aprovechado por el enemigo. Así recibió éste
el obsequio de los mejores elementos en el desierto: la movilidad y el agua.
La ciudad de Pisagua conoció los horrores
del saqueo. Se ha dicho que al ser ella capturada, “la puerta del Perú fue
sacudida de sus goznes”. Estratégicamente este acontecimiento vino a ser muy
importante, pues, con la captura de dicho material, los chilenos estuvieron en
condiciones de penetrar en el interior, pudiendo, al mismo tiempo, surtirse del
recurso para combatir la sed. Además el ejército aliado que estaba en Tacna
quedó cortado del de Tarapacá.
Fuente:
Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República
del Perú. 6ta. ed. Lima: Editorial Universitaria, vol. VIII.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Pronto el desafío de poseer Tarapacá pasaría, de lo militar a lo financiero
Iquique, 23 de noviembre de 1879
Aún cuando no
se habían hecho esfuerzos efectivos para perseguir al ejército aliado que
encabezaba el general peruano Juan Buendía después de los combates librados en
Dolores, limitándose el mando chileno encabezado por el general Erasmo Escala a
realizar algunas incursiones en los alrededores de Porvenir, al menos una de
las medidas tomadas fue apoderarse del abandonado e indefenso puerto de
Iquique.
Iquique 1879
Puerto
de Iquique 1879
Así, cuando el
General en Jefe Escala ya había renunciado a perseguir a las tropas aliadas,
como consta en los testimonios del Manuel Baquedano y Rafael Sotomayor, el 20
de noviembre envía una nota al Ministro de la Guerra para indicarle que pensaba
enviar una fuerza de 3.000 hombres en dirección a Iquique, "y una vez que
conozca bien -agrega- lo que haya de positivo sobre el ejército de Daza que
pudiera venir a presentarnos combate, o a reunirse con los dispersos de ayer
enviaré más fuerzas hacia adelante". Como sabemos, el ejército del
dictador boliviano ya entraba en Arica y él iba de vuelta a Tacna, adonde
ingresaría el 23.
A esta nota de
Escala, el Ministro Sotomayor respondió que sería imprudente enviar una
división por tierra sin resolver antes los problemas de avituallamiento
imprescindibles para semejante caminata por el desierto, y remataba indicando
al general que iría hasta Dolores para conferenciar con él. Aceptadas las
sugerencias del Ministro, Escala lo esperó, y en la reunión sostenida se llegó
a la conclusión que, una vez subsanadas las necesidades de la división
requerida, saldría una columna de 2.000 hombres por tierra, en tanto el propio
Ministro encabezaría una expedición por mar con otros 1.000 correspondientes a
un batallón del Regimiento Esmeralda acampando en Hospicio, y otro del Lautaro
que estaba próximo a arribar a Pisagua, esperando a las fuerzas terrestres de
Escala en la bahía de Iquique, de manera que se procedería a exigir la
rendición de la plaza cuando el conjunto estuviera listo.
En el regreso
a Pisagua del Ministro Sotomayor y entrando en este puerto en la mañana del 23,
se encontró con la Covadonga que, enviada por el comandante Juan José Latorre
sito en Iquique, le informaba de la rendición del puerto iquiqueño.
Lo sucedido
era que el coronel peruano José Miguel Ríos, jefe de la plaza, al recibir el
correo enviado por el general Buendía el 22 de noviembre en que le informaba la
situación y le ordenaba replegarse a la quebrada de Tarapacá con sus fuerzas,
procedía rápidamente a destruir documentos, arrojar al mar todo el parque del
ejército que no podía cargarse en la marcha y "clavar", inutilizando,
los cuatro cañones de los fuertes del Morro y del Colorado.
Ante las
noticias del abandono, que corrieron como reguero en el pueblo, muchos optaron
por seguir a las tropas hacia el interior, huir en los vapores que hacían el
tránsito por Iquique y otros asilarse de inmediato en los buques neutrales
anclados en la rada del puerto. Entre estos últimos, el propio Prefecto de
Iquique, el general peruano Ramón López Lavalle que a toda prisa embarcó en el
navío inglés HMS Turquoise. El coronel Ríos comunica al Cuerpo de Cónsules de
la ciudad que ésta queda bajo su custodia, incluyendo los marinos de la
Esmeralda que permanecían cautivos allí (los oficiales habían sido trasladados
a Tarma) y el hospital con sus heridos y enfermos. El mismo 22 se retira,
dejando librada a su suerte a la población de Iquique.
Rápidamente
los cónsules toman decisiones en una reunión a la que no asisten autoridades
peruanas, excepto el capitán de puerto Antonio C. de la Guerra, y resuelven
dotar a los bomberos de compañías extranjeras con los medios armados para
imponer orden, y a su vez comunicarse con el comandante Latorre, jefe del
bloqueo a bordo del blindado Cochrane, para informarle de la situación y
entregarle la ciudad. El bote que lleva a los diplomáticos al Cochrane regresa
en la certidumbre de los cónsules, que el puerto será ocupado pacíficamente por
las fuerzas chilenas.
El 23 de
noviembre entran a Iquique los 125 marineros de la dotación del Cochrane, de la
Covadonga y algunos de Artillería de Marina que pertenecían a la guarnición del
blindado, al mando del segundo comandante del Cochrane, capitán de corbeta
Miguel Gaona Yáñez, quien asume, además, como Jefe de la plaza. El teniente del
Cochrane, Juan M. Simpson se hace cargo de la seguridad pública. El principal
puerto de Tarapacá y puerta principal de embarque de salitre del Perú pasaba a
manos chilenas sin dispararse un tiro. Ahora, la bandera de Chile flameaba
definitivamente en esa ciudad.
El comandante
Latorre envía a la Covadonga que, como hemos indicado, ingresa a Pisagua en la
madrugada del 23, informando al Ministro de la Guerra del desenlace tranquilo
de la toma, por lo cual el Ministro procede ese mismo día en la tarde a
embarcar al batallón del Esmeralda, y junto al general Escala se trasladan a
Iquique. En la misma tarde, se hace el acto de entrega formal de la plaza,
estableciéndose al capitán de navío Patricio Lynch como Comandante de Armas de
Iquique (hasta ahí era el comandante encargado del transporte, siendo
reemplazado por el capitán Baltasar Campillo).
Pronto el
desafío de poseer Tarapacá pasaría, de lo militar a lo financiero. Administrar
los negocios del salitre y el guano absorberían al Gobierno de Aníbal Pinto que
debía equilibrar los intereses nacionales con los privados, donde estaban
involucrados grandes empresarios británicos y franceses. Para resolver estas
delicadas cuestiones fue nombrado Delegado Fiscal de Tarapacá el señor Baltasar
Sánchez Fontecilla. Otra serie de funcionarios fueron en su auxilio, y aún
cuando no fue fácil volver a mover a la industria salitrera, el 5 de enero de
1880 el jefe de hacienda del territorio ocupado, Miguel Carreño, envió el telegrama
anunciando el embarque de los primeros 1.164 quintales por ese puerto. Chile
comenzaba así a recibir los ingresos que, arrebatados a las arcas peruanas,
ahora irían a insuflar aire a las ahogadas finanzas del país. Al menos los
medios económicos para arremeter grandes jornadas de la guerra comenzaban a
entrar lentamente al fisco.
domingo, 18 de noviembre de 2012
La declaración de Santiago de 1952 no fija límites
Desde el terreno del adversario
Domingo, 18 de noviembre de 2012 | 5:00 am
“El Perú no
puede desconocer los tratados que ha firmado” se repite aquí, en Santiago de
Chile, al unísono. En los últimos tres días he tenido la oportunidad de
conversar con mucha gente sobre el litigio que Perú y Chile ventilan en la
Corte de La Haya sobre límites marítimos, y el mensaje oficial parece haber
calado hondo. El pueblo chileno está absolutamente convencido de que existen
tratados entre Chile y Perú que fijan los límites, desde la década del
cincuenta, en el paralelo marítimo que nace en la frontera terrestre.
Sin embargo,
al igual que en nuestro país, existen distintos niveles de la compresión del
problema. Conversé durante una hora con transeúntes de una céntrica calle de
Santiago. Muchos no tenían un conocimiento mayor del tema, pero todos manifestaron
una desconfianza enorme hacia el Perú. Somos vistos como un país informal, que
no cumple su palabra y que los ha “invadido” de peruanos que les quitan
trabajo. Un par de personas me pidieron explícitamente que todos los peruanos
se vayan de Chile. Me sorprendió que exista un sentimiento antiperuano tan
extendido como nuestro antichilenismo histórico. Como dirían algunos, ¿el
sentimiento es mutuo?
Los que
conocían un poco más del tema repitieron una y otra vez la historia de los
tratados de límites que el Perú no quiere reconocer, pero no podían señalar ni
años ni contenido de estos. La versión oficial, desde que se inició el litigio,
les ha dado garantías sólidas una y otra vez a los chilenos diciendo que no hay
nada de qué preocuparse porque tales tratados existen. Es más, algunos
políticos locales están seguros de que la Corte se declarará incompetente
porque ya existen tratados y que la línea del paralelo se mantendrá. Hay muy
poca discusión de este tema en medios y casi ninguna explicación de cuáles son
los argumentos peruanos.
El problema para Chile es que la posición peruana
señala que no existe un tratado de límites entre los dos países. La declaración
de Santiago de 1952 reivindica las 200 millas de mar para Chile, Perú y Ecuador
pero no fija límites. Y la declaración de Zona Marítima Fronteriza Especial de
1954, que sí señala al paralelo como límite, se negoció para aplicarse
únicamente a naves artesanales, de poco porte y que carecieran de instrumentos
de navegación. Eso no constituye un tratado de límites para el Perú que,
amparándose en jurisprudencia de la Corte, sostiene que los tratados no se
infieren, se deducen o se presuponen. Para el Perú, estos instrumentos son
acuerdos prácticos preliminares a un tratado de límites, tal como lo reconoce
la Convención del Mar. Este es el punto central. Si no hay tratado, la Corte
debe fijar el límite de acuerdo con las normas del derecho del mar, las que
disponen que, en caso de superposición de áreas, estas se dividen en partes
iguales.
La versión
oficial chilena alega que la costumbre es fuente de derecho y que el Perú nunca
se quejó sino hasta el 2004. Hasta los políticos más informados desconocen el
reclamo peruano de 1986 ante Chile en el ya famoso Memorándum Bákula que
mereció respuesta oficial de la Cancillería chilena señalando que se estudiaría
el problema. El litigio se inició luego de más de 20 años de espera. Y la
opinión pública chilena no lo sabe. Si Chile pierde, la sorpresa será mayúscula
en estas tierras.
Rosa María
Palacios
miércoles, 14 de noviembre de 2012
13 DE NOVIEMBRE
OPINION: Jaime Salinas y
el derecho a la insurgencia
Martes, 13
de noviembre del 2013 /// 18:21
FRANCISCO MIRÓ QUESADA RADA
Director de El Comercio
Director de El Comercio
Un día como
hoy, hace veinte años, el general Jaime Salinas Sedó, ya en retiro, y 25
oficiales de las Fuerzas Armadas, entre los que se encontraba el vicealmirante
Augusto Vargas Prada, insurgieron contra la dictadura de Alberto Fujimori.
Actuaron en su ley, porque creyeron y creen en la democracia, pero actuaron de
acuerdo con ley, porque la Constitución que regía en aquella época, como la
vigente, establecía el derecho que tiene el pueblo de insurgir contra cualquier
gobierno usurpador, no importa cuál sea su naturaleza: civil, militar o
cívico-militar, como precisamente fue el gobierno de Alberto Fujimori, una
dictadura cívico-militar, en la cual las Fuerzas Armadas en ese entonces se
plegaron para “disolver” el Congrego y controlar los otros poderes del Estado.
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| A dos décadas de la sublevación del general EP y 25 oficiales de las FF.AA. contra el régimen de Alberto Fujimori |
Este
intento abortó por la acción del traidor Elías Moyano, de esos traidores que
desgraciadamente han existido a lo largo de la historia de la humanidad,
empezando por Judas, aunque recordemos que el valeroso Leónidas en las
Termópilas fue finalmente derrotado por Jerjes debido a una traición, acto
despreciable basado en la maldad, el engaño, la absoluta mentira y la
hipocresía.
Recordemos
este hecho como el primero en el que se insurge para que se cumpla la ley,
retornar al estado anterior, y que el pueblo elija a sus autoridades. Solo unos
pocos lo ayudaron, solo unos pocos se plegaron a la acción, pero eso no
importó, porque Jaime Salinas y los demás oficiales fueron un ejemplo de coraje
ante el poder del dictador. No solo tuvieron valor moral para decirle no al
poderoso, sino valor físico. Estaban dispuestos a dar su vida para derrocar al
tirano, que, al contrario de estos valerosos, huyó cobardemente a esconderse a
la Embajada de Japón, bajo el argumento de que lo querían matar. Realmente
asombroso: no enfrentó a un puñado de bravos teniendo un ejército a su
disposición y fue precisamente todo lo contrario, porque el traidor y los
esbirros al servicio de la dictadura intentaron asesinar a Salinas
persiguiéndolo por media Lima.
Por eso,
Jaime Salinas Sedó, como bien dijo nuestro recordado Francisco (Paco) Igartua,
es “de esos hombres escogidos, que prefieren seguir el mandato del deber antes
que plegarse al éxito y al tumulto”.
Dio un gran
paso histórico, marcó la ruta para que años después otros peruanos
insurgiéramos a través de los Cuatro Suyos, movimiento encabezado por otro
defensor de la democracia y luego presidente, Alejandro Toledo también insurgió
en las postrimerías y en plena agonía del fujimorismo el actual presidente,
durante el llamado levantamiento de Locumba en Moquegua.
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| General EP (r) Jaime Salinas Sedó |
Pero, como
sucede en la historia, todavía el Estado no ha hecho justicia con los
demócratas insurgentes; quedan pendientes algunas cosas como la ejecución del
pago de la reparación económica, por daño moral, lucro cesante y daño emergente
ocasionado por la injusta carcelería que sufrieron, y ascender al grado
inmediato superior a todos los oficiales que participaron en los sucesos del 13
de noviembre de 1992.
Señor
presidente, es un deber moral condecorar con la Orden del Sol en el grado más
alto al general Jaime Salinas y a los demás oficiales, porque gracias a ellos
los peruanos disfrutamos de esta democracia, que, aunque feble, es mejor que la
mejor de las dictaduras.
Jaime
Salinas Sedó es la expresión de lo que dijo en alguna oportunidad José
Ingenieros, cita que asume el mismo general Salinas en su artículo “En honor a
la verdad”: “Cuando la conciencia moral considera que la autoridad es
ilegítima, obedecer es una cobardía y el que obedece traiciona a su sentimiento
del deber”.
martes, 13 de noviembre de 2012
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